La historia de una cervecería artesanal que levantó el portal Infogei muestra otra cara de la crisis económica que inició el gobierno de Mauricio Macri.

“Abrí mi fábrica de producción de cerveza en el año 2013, crecí exponencialmente hasta el 2015 y desde hace tres años el trabajo empezó a bajar y hace dos meses tuve que cerrar y dar un paso al costado” -cuenta Alejandro Navarro, dueño de la cervecería “Ayra” a Motor Económico.

Fue en pleno auge cuando, Alejandro Navarro de 35 años actualmente, electricista de oficio, pero amante de la producción y negocio de la cerveza, viajó al sur del país para entender “de qué se trataba” y apasionarse por todo lo que concernía a la bebida de la espuma.

“Cuando regresé empecé a montar “Ayra” (Artesanal y Argentina). Todo el capital que tenía lo puse en maquinaria, hasta vendí mi auto nuevo” -relata. “Puse mucha plata, mis padres y mis suegros me ayudaron, llegué a invertir un millón de pesos. Corría el año 2013, comencé en una casa en Saénz Peña, Partido de Tres de Febrero (provincia de Buenos Aires) y el crecimiento fue tan grande que, al poco tiempo me mudé a un galpón en La Matanza. Tomé a tres trabajadores, ya que solo ya no daba abasto. La fábrica trabajaba de lunes a sábado”.

Estadísticas

Según Cerveceros Argentinos (www.cervercerosargentinos.org) en Argentina se consumen 42 litros anuales de cerveza per cápita y se producen 18,6 millones de hectolitros al año y 825 mil toneladas de malta, también al año.

Sin embargo, la devaluación, la recesión y la importación afectaron el precio de los insumos y el consumo y así fue como “Ayra” comenzó a ver cómo decrecía el negocio.

“Tenía un cliente muy grande que se fundió. Mi empresa vendía 7 mil litros de cerveza al mes y este cliente me compraba 5 mil de ese total, con lo cual, al fundirse él, bajó mi trabajo en forma abismal y me vi obligado a despedir a dos personas. Una situación muy fea que no hubiese querido vivir nunca. Me quedé con mi mano derecha, Sebastián” -continúa con su relato Alejandro Navarro.

La cerveza no es una moda, es una cultura

Se dice que la cerveza está de moda, y de hecho se ven cervecerías que abren por todos lados, a la par que cierran los bares. Pero Navarro prefiere hablar de la “cultura de la cerveza”, “es como el vino o el whisky, para producirla tiene que haber una pasión”.

“Hoy, en vez de poner una zapatería ponen una cervecería, pero la demanda no acompaña y esto hace que muchos bares se fundieran” -explica a Motor Económico.

El presidente de la Cámara de Cerveceros Artesanales, Lucas Lico describió, en charla con el diario Cronista, que “a comienzos de año había caído el consumo, pero seguíamos creciendo, pero a partir de abril tuvimos un cambio muy brusco. No sólo dejamos de crecer, sino que nos estancamos”.

Este proceso fue el que vivió Alejandro Navarro con “Ayra”, que, en su caso, arrancó unos pocos meses antes “en enero de este año empezó a mermar el trabajo, a la par que empezaron a venir facturas de entre 25.000 a 30.000 $ de luz, 12.000 $ de gas y $ 3.000 de agua. Crecían las tarifas e impuestos, pero no era acompañado con el crecimiento de la empresa y, la última decisión que tomé, antes de cerrar definitivamente, fue despedir a Sebastián. Por suerte, tengo contención psicológica porque fue muy duro” -dice con dolor.

Una actividad que se volvió inviable

En julio del 2017 la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal sostuvo que “No es verdad que a las Pymes les esté yendo mal en la Argentina. La cerveza artesanal –dijo a modo de ejemplo- tiene el doble de empleados”. El entonces candidato a Senador Nacional por Cambiemos, Esteban Bullrich, siguió en la misma línea y sugirió a los desocupados bonaerenses impulsar “sus propios proyectos”, como el desarrollo de cervezas.

“Cuando escuchamos a ambos decir eso -manifiesta Navarro a Motor – lo que sentimos, quienes estamos en el rubro, es que minimizaron el trabajo que significa elaborar una cerveza porque, entre otras cosas, requiere de una gran inversión económica y en materia de capacitación y a las Pymes no nos dan ningún tipo de ayuda en ninguno de los dos aspectos.”

“Durante el kirchnerismo se había establecido con las universidades públicas un acuerdo que estimulaba tu crecimiento. En la Universidad Nacional de La Matanza, por ejemplo, había un programa por el cual presentabas un proyecto y si comprobaban que era tu fuente de trabajo, te ayudaban a financiarlo con tasas blandas hasta 1 millón de pesos. Y en la Universidad de Tres de Febrero, por dar otro ejemplo, daban cursos para que aprendas a realizar un plan de negocios y luego te daban un préstamo para que puedas crecer. Con el actual gobierno se cortó todo. Yo hasta llegué a comprar con tarjetas de crédito. Hoy no podés tomar un crédito porque las tasas son una locura”.

La escalada del dólar trajo consecuencias también para este rubro ya que los tres principales insumos que se requiere para su producción -malta, lúpulo y levadura – están dolarizados. Al respecto explica Navarro “La mayoría de las cervecerías dependen de un proveedor y prefieren trabajar con los grandes pulpos como Quilmes o con los conglomerados multinacionales. Yo pedía cotización un lunes y el miércoles salía 2 veces más. Trabajar así es inviable”.

Un paso al costado

Alejandro siguió un tiempo más solo, “fue una regresión, como cuando comencé hace siete años atrás. Trabajaba entre 13 y 14 horas diarias y no ganaba nada, hasta que decidí dar un paso al costado.”

Hoy Alejandro trabaja con su padre, y como consultor para quienes quieran poner una cervecería. Dice estar un poco más tranquilo, mientras centraliza su esfuerzo en su cosecha principal: sus dos hijos gemelos recién nacidos.

“No hablo de fundirme porque es muy dura la palabra, prefiero decir que di un paso al costado. Las máquinas aún las tengo porque estoy convencido que vamos a volver.”-concluyó.

 

Fuente: Infogei