La empresa estadounidense saboteó de manera encubierta los modelos más viejos para que los usuarios renueven su equipo.

Apple acordó pagar hasta 500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva por denuncias en las cuales se acusa a la compañía de ralentizar deliberadamente los teléfonos iPhone más antiguos para que los usuarios los cambien por modelos más nuevos.

Se descubrió que la actualización del sistema operativo iOS 10.2.1 reducía el rendimiento de los móviles más antiguos, un cambio de funcionamiento que parecía no tener una explicación.

La demanda colectiva acusaba a Apple de “estrangular secretamente” los modelos de iPhone más antiguos y calificó la actualización “uno de los mayores fraudes al consumidor de la historia”.

El descubrimiento de esa bajada de rendimiento afectaba a los modelos iPhone 6, 6Plus, 6S, 6S Plus, 7, 7 Plus y SE que se actualizaban a iOS 10.2.1. La compañía tardó en ofrecer una explicación, aunque esta era razonable excepto por el hecho de no haber dado la información desde el principio.

La actualización a iOS 10.2.1, según explicó más tarde, incluía un sistema de gestión de las baterías de la que no había informado en la ficha del nuevo software. Este sistema analizaba el estado de las baterías y, en aquellas que estaban más deterioradas (y el tiempo es un factor de deterioro), reducía el rendimiento del procesador. Esto no sólo redundaba en la vida de la batería, sino que evitaba muchos de los apagados inesperados de los modelos más antiguos.

Ahora, después del acuerdo, cada uno de los usuarios que se sumó al contencioso judicial cobrará alrededor de 25 dólares. Una parte significativa de la indemnización también será para el pago de honorarios.