Contó que le pasó al fiscal, en su último viaje a Europa, información sobre supuestas cuentas de CFK y su hijo, alimentadas por Irán. La historia ni siquiera respeta los datos más conocidos y hasta el fondo buitre lo desconoció. Igual los medios argentinos se sumaron a la operación. Las evidentes mentiras del armado y sus antecedentes.

La nada, pero repetida. Los principales medios de la Argentina están repitiendo una historia inverosímil, sin prueba alguna y, para colmo, delictiva, porque se trató de la confesión de una extorsión. La televisión israelí presentó anoche un programa basado en el testimonio de un ex agente secreto de la Mossad, Uzi Shaya, que pasó sin escalas de los servicios de inteligencia israelíes a ponerse la camiseta del fondo buitre Elliot Managment, de Paul Singer. Shaya dijo que le entregó a Alberto Nisman, diez días antes de su muerte, un sobre con datos sobre cuentas de la familia Kirchner en las islas Seychelles y otros paraísos fiscales, con dinero pagado por Irán. El espía no aportó ni una evidencia ni de las cuentas ni de nada, pero relató una supuesta extorsión: él y el fondo buitre querían amenazar a Cristina Kirchner con que revelarían las cuentas a menos que ella aceptara pagar la “deuda” con los fondos buitres. La versión carece de toda credibilidad, al punto que –según la televisión israelí–, el fondo Elliot dice que no conoce la documentación ni admite relación con lo que cuenta Shaya.

En el programa que conduce la argentina Ilana Dayan, el ex espía cometió errores hasta infantiles, propios de alguien que no conoce el expediente de la muerte del fiscal. Shaya dice, por ejemplo, que le entregó el sobre con la información a Nisman en el lobby de un hotel en España, aproximadamente el 8 de enero de 2015 –porque afirma que fueron diez días antes de la muerte del fiscal–, y que de inmediato Nisman decidió regresar a Buenos Aires para presentar la denuncia, supuestamente por lo explosivo del contenido de la información del ex espía. Está probado hasta el cansancio en el expediente que Nisman sacó el pasaje de regreso en Buenos Aires, el 31 de diciembre de 2014, antes de salir de salir con su hija hacia Europa. O sea que ya tenía planeado el regreso y no fue una decisión motivada por nada que le hayan entregado. Pero, peor aún, en el viaje con Iara, Nisman no estuvo en Madrid ni en ningún lugar de España: el tour arrancó el 2 de enero de 2015 en Londres, luego fueron a Amsterdam y de ahí Nisman emprendió el regreso, sólo con escala en el aeropuerto de Barajas, el 11 de enero a la noche. O sea que no pasó por ningún lobby de ningún hotel español y ni siquiera salió del aeropuerto.

La historia se parece mucho a la urdida en 2015 por el diario Clarín, con notas firmadas por Daniel Santoro, quien agrandó y también copió a la revista brasileña Veja. De acuerdo a una traducción que hizo la Agencia Judía de Noticias, Shaya dijo que las cuentas, cuyos datos le habría dado a Nisman, estaban a nombre de Máximo Kirchner, igualito que en aquella versión de 2015 en que se le adjudicaban millones de dólares escondidos al hijo de CFK, como cotitular junto a Nilda Garré. La propia Reserva Federal de Estados Unidos demostró que todo era falso, que las cuentas no existían ni en Delaware ni en Irán ni en Belice. Tres años más tarde, Máximo y Garré, con el patrocinio de Alejandro Rúa, fueron sobreseídos por el juez Marcelo Martínez de Giorgi. Lo de Shaya y la televisión israelí parece un refrito de aquella mentira.

Como era obvio, el programa emitido anoche dio por sentado que a Nisman lo mataron, porque hizo la denuncia y porque tenía información tan caliente (en verdad trucha) provista por el ex espía. Para ello, la TV rodeó el relato con las versiones del periodista Marcelo Longobardi y los dirigentes Patricia Bullrich y Waldo Wolf, todos del riñón de Cambiemos. En el medio sólo apareció el informático Diego Lagomarsino contando cómo le prestó el arma al fiscal. Pero el programa no hizo el menor esfuerzo de demostrar cómo un comando había entrado y salido del edificio, del departamento cerrado por dentro y del baño cuya puerta estaba bloqueada por la cabeza del fiscal.

Los periodistas israelíes consultados por este diario coinciden en que fue un show del ex agente para autopromocionarse como investigador en el terreno financiero. Shaya no pudo explicar dónde está la documentación, por qué no se presentó a la justicia y, por ejemplo, por qué no la utilizó Nisman en su denuncia, si encima volvió rápido porque el ex agente –según alega en otra de sus falsedades– le entregó papeles explosivos. A esta altura está claro que Nisman no chequeó nada de lo que puso en aquella denuncia. Dijo que Alan Bogado era un espía que estuvo en las negociaciones con los iraníes en Zurich y Nueva York, cuando bastaba un llamado a Migraciones para averiguar que nunca había salido del país. Puso en su texto que el kirchnerismo canjeó impunidad por petróleo –algo que repitió Shaya anoche–, cuando el petróleo iraní no se puede refinar en Argentina y al país no entró ni una gota. Nisman ni siquiera chequeó algo con su amigo el titular de Interpol, Ronald Noble, que 48 horas después salió a decir que su denuncia era falsa. La realidad es que Nisman no puso nada respecto de cuentas de los Kirchner porque no tenía nada y la historia de Shaya carece de todo sostén.

Pero la frutilla del postre es el reconocimiento de una tentativa de extorsión. Shaya dice que buscaban las cuentas de los Kirchner, no por dar la batalla contra la supuesta corrupción, sino para extorsionar a la mandataria. Su versión es que trabajó para una agencia de informes que a su vez trabajaba para Paul Singer y que la intención era amenazarla con publicar los datos –inexistentes, falsos– si Cristina no se avenía a pagar la “deuda” argentina con los fondos buitres. El invento se cae por su propio peso, porque CFK se fue del gobierno casi un año después de la muerte de Nisman y se mantuvo más que firme frente a Singer y los demás buitres.

Fuente: Página 12