La operación se da en un contexto de tensiones entre Washington y Moscú, y se suma a un bloqueo naval impuesto por Trump contra buques vinculados a Venezuela.

El gobierno de los Estados Unidos interceptó y secuestró al buque petrolero ruso Bella 1, también conocido como Marinera, en el Atlántico Norte, tras dos semanas de persecución. El petrolero, que viajaba desde Irán a Venezuela, había intentado evadir el bloqueo estadounidense y había sido objeto de vigilancia aérea por parte de aviones de reconocimiento P-8A Poseidon de la Armada de los Estados Unidos.

La empresa rusa BurevestMarin denunció el intento de interceptación y afirmó que el buque civil ruso estaba siendo perseguido por la Guardia Costera de los Estados Unidos. Rusia había enviado un submarino para escoltar al petrolero, lo que elevó la tensión entre Washington y Moscú.

El secuestro del petrolero se produce en un momento delicado en las negociaciones sobre un posible acuerdo de paz en Ucrania y ha generado protestas diplomáticas formales por parte de Rusia. Estados Unidos había ordenado bloquear completamente todos los buques petroleros que entran y salen de Venezuela en diciembre.