Tras su estreno victorioso en la Bombonera ante Newell’s, el flamante refuerzo xeneize no ocultó su emoción por cumplir el sueño de su infancia. Con un despliegue de “todocampista”, el ex capitán del Pincha ya empezó a ganarse el respeto de la 12.
Todo sucedió a una velocidad de vértigo para Santiago Ascacibar en este inicio de 2026. Apenas una semana después de que las negociaciones con Estudiantes se volvieran críticas, el volante ya estaba pisando el césped de la Bombonera para enfrentar a Newell’s. El desenlace no pudo ser mejor: victoria, una actuación sólida y el cálido recibimiento de una hinchada que rápidamente identificó su entrega.
Tras el encuentro, el mediocampista de 28 años soltó una frase que terminó de explicar su decisión de cambiar de aire. “Es un sueño cumplido; uno de chico era de Boca”, confesó el “Ruso”, revelando un lazo sentimental que pocos conocían en profundidad. Para el jugador, vivir la atmósfera del estadio en primera persona fue una experiencia que superó cualquier expectativa previa.
En lo estrictamente futbolístico, Ascacibar demostró que su adaptación no será un problema para el esquema de Claudio Úbeda. El entrenador le pidió específicamente que aportara equilibrio, llegando al área rival sin descuidar el retroceso defensivo. El volante destacó la jerarquía de sus nuevos compañeros, mencionando que debe amoldarse al juego de figuras como Leandro Paredes y Ander Herrera para potenciar el rendimiento colectivo.
La imagen del “Ruso” en la cancha fue la de ese “todocampista” que el plantel xeneize tanto necesitaba para este Torneo Apertura. Con su peinado característico y una lectura de juego envidiable, nunca perdió de vista el destino de la pelota. Su capacidad para recuperar y ocupar espacios por sorpresa lo perfila como una pieza que, en muy poco tiempo, podría volverse irremplazable en el eje central.
A pesar del entusiasmo generalizado, el mediocampista prefirió mantener los pies sobre la tierra respecto al futuro del equipo. Se definió como alguien “terrenal” que prefiere el trabajo diario por sobre las ilusiones prematuras, aunque admitió que la energía de la Bombonera es especial. Para él, lo más importante ahora es hacerse fuertes como grupo para encarar los desafíos de una temporada que será exigente.
El salto desde Estudiantes, su lugar en el mundo, hacia la Ribera estuvo motivado por ese gen competitivo que lo define. Tras haber logrado títulos y una sensación de saciedad en el Pincha, Ascacibar sintió que necesitaba nuevas emociones y desafíos de magnitud. Su partida dejó un vacío en La Plata, pero el volante dejó en claro que su motor es la búsqueda constante de nuevos horizontes profesionales.
Ahora, con la camiseta pesada de Boca sobre sus hombros, el desafío es reencauzar la realidad del club en materia de títulos. El “Ruso” parece estar listo para disfrutar de este proceso con el tiempo, sabiendo que ya dio el primer paso con el pie derecho. La Bombonera ya tiene a un nuevo guerrero en el medio, y él ya tiene el sueño de su infancia cumplido bajo el brazo.