Según estadísticas recientes, las políticas económicas han resultado en la pérdida de más de 270.000 empleos formales en los últimos dos años.
El panorama laboral en la Argentina de este 2026 atraviesa uno de sus momentos más críticos. Según las últimas estadísticas, las políticas económicas del gobierno de Javier Milei ya resultaron en la pérdida de más de 270 mil puestos de trabajo formales. Este fenómeno se explica por una combinación de factores que incluyen la erosión del salario real, la caída estrepitosa del consumo y una recesión que parece haberse instalado en el corazón de la actividad productiva.
A este escenario se suma ahora la polémica por la “avalancha” de productos importados, principalmente provenientes de China. Muchos sectores industriales advierten que esta apertura indiscriminada está destruyendo la fabricación local. Sin embargo, el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, salió al cruce de estas versiones negando que exista una destrucción neta de empleos impulsada por el ingreso de mercadería extranjera.
En un reciente diálogo con el periodista Luis Majul, el funcionario libertario defendió el rumbo oficial con una explicación que generó fuertes repercusiones. Adorni utilizó el ejemplo de un jean importado, comparando un costo local de 100 dólares frente a uno de 25 dólares traído de afuera. Bajo su razonamiento, al dejar de comprar el producto caro fabricado en el país, el consumidor genera un ahorro que supuestamente se vuelca a otros sectores de la economía.
El planteo dejó entrever la lógica de la gestión actual: el Gobierno sostiene que ese excedente de dinero en manos del comprador termina dinamizando nuevas áreas, compensando así la caída de los sectores tradicionales. No obstante, para los referentes del empresariado argentino y los gremios, esta teoría no se refleja en la realidad de la calle, donde el desempleo en el sector secundario sigue escalando de manera preocupante.
La crisis ya se cobró víctimas históricas que parecían inamovibles dentro del mapa productivo nacional. Un caso emblemático ocurrido la semana pasada fue el cierre de la textil Emilio Alal S.A., una empresa con más de un siglo de trayectoria. Tras haber sorteado innumerables crisis recurrentes en los últimos cien años, la firma no logró sobrevivir al contexto de apertura y recesión de los últimos dos años de gestión libertaria.
“Nosotros no vemos una destrucción, vemos una transformación hacia una economía más eficiente”, insisten desde los despachos oficiales, aunque el cierre de persianas en las provincias industriales pinte un cuadro mucho más sombrío.
El círculo vicioso parece estar lejos de cerrarse. La destrucción de empleos formales alimenta una menor capacidad de compra, lo que profundiza la recesión y lleva a nuevas empresas al límite. Ante esta hecatombe, el manual libertario mantiene su respuesta de ajuste fiscal y apertura, mientras el Jefe de Gabinete insiste en que el modelo terminará por acomodar las piezas en favor del consumidor.