En un operativo de máximo hermetismo, disfrutó de una velada de carnes a las brasas y vinos regionales en el restaurante de Leo Lanussol, del que se retiró con un pedido “extra” de postres para el hotel.
El barrio de Núñez se convirtió anoche en el epicentro del jet set internacional. Alrededor de las 20:30, Bad Bunny arribó a NESS, el restaurante especializado en cocina de fuegos ubicado en Grecia 3691. Pese a lucir un camuflaje de capucha, lentes y pañuelo, el “Conejo Malo” no pudo evitar que su presencia fuera detectada, aunque se mostró sumamente distendido con el personal del establecimiento.
La elección no fue azarosa: NESS, capitaneado por el chef Leo Lanussol, acaba de consolidar su prestigio al posicionarse en el puesto 64 de la lista Latin America’s 50 Best Restaurants 2025. El artista buscaba una experiencia auténtica de producto local y cocción a leña, lejos de los circuitos más masivos de la ciudad en este inicio de 2026.

Uno de los puntos más altos de la noche fue una mini cata diseñada especialmente para el músico, quien recorrió la geografía argentina a través de sus copas. Su interés por la vitivinicultura local fue tal que terminó llevándose botellas específicas para seguir disfrutando en privado.
La propuesta gastronómica incluyó platos con la identidad técnica de la casa, como chipirones con huancaína negra y un cerdo con chili crisp que destacaron por su intensidad. Sin embargo, el protagonista absoluto de la velada fue el flan de halva, un postre que cautivó al cantante al punto de romper el protocolo: solicitó dos unidades adicionales para llevarse a su hotel.
“Se lo vio muy interesado por la procedencia de los productos y especialmente por la diversidad de los vinos de altura”, comentaron fuentes cercanas al restaurante sobre la actitud del artista durante la cena.
Este paso por Buenos Aires confirma que Bad Bunny no solo marca tendencia en los escenarios —como lo hizo recientemente en el Super Bowl—, sino también en la ruta foodie más exigente. Su visita a Núñez deja una huella de frescura y un espaldarazo internacional para la gastronomía argentina de fuegos, que sigue escalando posiciones en el radar global.