En medio de un clima de nerviosismo extremo, un penal de Juanfer Quintero le dio el pase a los 16avos de la Copa Argentina, pero la crisis de identidad futbolística se profundizó tras una actuación alarmante.
El escenario en San Luis fue el reflejo de un River que camina por la cornisa. Enfrentar a Ciudad de Bolívar, un club con apenas seis años de historia, debería haber sido un trámite de contundencia para un plantel valuado en decenas de millones de dólares. Sin embargo, lo que se vio fue un equipo paralizado por el miedo al error, donde el reloj de Nicolás Ramírez se convirtió en el principal enemigo de un “Millonario” que no logra salir del pozo tras los últimos dos golpes recibidos en el torneo local.
La “Juanfer-dependencia” y el pánico escénico
La falta de un mecanismo de juego asociado es el síntoma más grave de este presente. En el campo, la sensación fue unánime: la responsabilidad creativa recae exclusivamente sobre los hombros de Juan Fernando Quintero. El colombiano es el único que parece entender el contexto, asociándose esporádicamente con Gonzalo Montiel, el único que le marca pases al espacio. Para el resto de los futbolistas, la posesión del balón pareció una carga difícil de sobrellevar en una noche donde la técnica fue reemplazada por la imprecisión.
“Juanfer, solito y solo, es el que tiene absolutamente toda la responsabilidad creativa de River. A todos sus compañeros les quemaba la pelota y eso no puede suceder en un equipo de River”, señala el duro análisis del encuentro.
Esta falta de personalidad se tradujo en una estadística que asusta al mundo riverplatense: el equipo no logra dar vuelta un resultado adverso desde hace 18 partidos. Ante Bolívar, el juego se volvió espeso y solo un penal aislado de Elías Martínez sobre el juvenil Joaquín Freitas evitó que la historia se definiera desde los doce pasos. Fue un triunfo que apenas sirve para cortar el sangrado en la estadística fría, pero que no aporta ni una pizca de confianza al funcionamiento colectivo.
Delanteros en deuda y un mercado que se extraña
La crisis también tiene nombres propios en el área rival. Maximiliano Salas atraviesa un nivel que el propio entorno del club califica de paupérrimo, con movimientos pesados y una alarmante falta de precisión con la pelota. Por su parte, el juvenil Agustín Ruberto volvió a mostrar que todavía está “verde” para cargar con la responsabilidad de ser el referente de área del CARP. La ausencia de refuerzos de jerarquía en el puesto de delantero centro es, a esta altura, una de las críticas más feroces hacia la gestión del mercado de pases de este 2026.
Salvo por un remate de Tomás Galván que reventó el travesaño, River no generó peligro real por peso propio. Mereció pasar por insistencia y dominio territorial, pero la carencia de argumentos futbolísticos para lastimar a un rival de una categoría menor es un diagnóstico grave de cara a lo que viene. La victoria por la mínima apenas maquilla un rendimiento que, de no haber sido por ese penal de Quintero, hubiera terminado en un escándalo de proporciones históricas para la institución.
Liniers: la prueba de fuego definitiva
El éxito en la Copa Argentina no aleja la crisis, solo la pone en pausa hasta el domingo. El próximo compromiso de River será contra Vélez Sarsfield en Liniers, un duelo que servirá para medir si el equipo puede realmente iniciar una recuperación o si continuará hundiéndose en este presente inexpresivo. Con Gallardo expulsado y un plantel golpeado anímicamente, el “Millonario” deberá demostrar en el Amalfitani que todavía tiene el carácter necesario para representar su historia.