La vicepresidenta Victoria Villarruel marcó una diferencia tajante con la política económica de Javier Milei al cuestionar la apertura irrestricta de importaciones.
La tensión estalló en las redes sociales luego de que la Corte Suprema de Estados Unidos anulara los aranceles globales fijados por Trump. Villarruel utilizó este escenario internacional para sentar una postura nacionalista que choca frontalmente con el discurso libertario de la Casa Rosada. Para la vicepresidenta, la decisión judicial norteamericana representa un golpe a la creación de empleo y al establecimiento de empresas, una visión que trasladó de inmediato al contexto local.
Sin mencionar directamente al Presidente, Villarruel lanzó definiciones que fueron leídas como un cuestionamiento directo a la gestión de las importaciones. La funcionaria sostuvo que la apertura total solo favorece la dependencia de China, país al que calificó de “comunista”, y profundiza las emergencias sociales. En su visión, el modelo de gobierno debe priorizar la soberanía productiva, sentenciando que Argentina no puede conformarse con ser simplemente un país de servicios si aspira a ser una potencia mundial.
“Sin empleo nacional y sin producción nacional no hay políticas reales de gobierno. Para Trump primero está Estados Unidos, para mí, primero está la Argentina”, disparó la vicepresidenta en su cuenta de X.
El momento elegido para estas declaraciones no es casual. La crisis industrial se agudizó esta semana con el cierre definitivo de la planta de Fate en San Fernando, un episodio que dejó a 910 trabajadores en la calle y reavivó el debate sobre la supervivencia de la industria manufacturera. Mientras el Gobierno defiende la competencia externa para bajar la inflación, Villarruel se posiciona como la cara visible de un sector que reclama protección para el trabajo argentino frente al avance de los productos importados.
Esta nueva grieta interna expone las dos almas que conviven en el oficialismo: el liberalismo ortodoxo de Milei y el nacionalismo productivista de Villarruel. La frase “Primero la Argentina” no solo resuena como un eslogan electoral, sino como una advertencia sobre la sostenibilidad social del modelo económico vigente. Con la industria bajo presión y la desocupación en el centro de la agenda, la publicación de la vicepresidenta sacude el tablero político y obliga a la Casa Rosada a recalcular su estrategia comunicacional.