La escalada bélica en Medio Oriente obligó a la Federación de Qatar a cancelar todo evento deportivo. UEFA y CONMEBOL buscan una sede alternativa de urgencia para el choque del 27 de marzo.

La esperada Finalissima 2026 entre la Selección Argentina y España entró en una zona de absoluta incertidumbre este lunes 2 de marzo. Debido a la crisis geopolítica que sacude a la región, la Asociación de Fútbol de Qatar (QFA) anunció la suspensión indefinida de todas las competiciones en su territorio. Esta medida afecta directamente al duelo programado en el Estadio Lusail, donde ya se habían agotado las 89 mil localidades disponibles para ver el cruce entre los campeones de América y Europa.

El seleccionador español, Luis de la Fuente, fue el encargado de confirmar públicamente que la organización ya trabaja en un “Plan B” para evitar la cancelación definitiva del encuentro. La prioridad de las autoridades es garantizar la seguridad de los planteles y los aficionados ante el riesgo de nuevos ataques aéreos en la zona del Golfo Pérsico. Las negociaciones entre FIFA, UEFA y CONMEBOL se mantienen bajo un estricto hermetismo para definir el nuevo destino antes del fin de semana.

“La idea es buscar otra sede. Sabemos que se está negociando. La solución sería, mientras no se pueda jugar allí, buscar otra sede si es que es posible”, admitió De la Fuente en declaraciones a Radio Nacional de España.

Ante la imposibilidad de jugar en Doha, Estados Unidos surge como el candidato natural para albergar el evento. El gigante norteamericano cuenta con la infraestructura lista para el Mundial 2026 y representa el mercado comercial más atractivo para el duelo entre Lionel Messi y Lamine Yamal. Sin embargo, no se descarta un traslado de último momento a Europa, con sedes históricas como Wembley o el Santiago Bernabéu en el radar de los organizadores por la facilidad logística para los jugadores que militan en el Viejo Continente.

La modificación del escenario implica un desafío contractual sin precedentes, especialmente por la devolución de entradas y la logística de televisación internacional ya vendida. Mientras el conflicto en Medio Oriente no muestre señales de tregua, la Finalissima permanece “en el aire”, a la espera de un comunicado oficial que confirme si el trofeo se disputará en suelo americano o si se optará por una postergación forzada hasta la próxima ventana FIFA.