La empresa importa desde Asia lo que antes fabricaba en el país, mientras el 55% de su planta bonaerense permanece ociosa.

El ADN industrial argentino se enfrenta a una realidad pragmática y dolorosa en este marzo de 2026. Miguel Zonnaras, presidente de Georgalos, confirmó que la firma decidió trasladar la producción de los icónicos caramelos Flynn Paff a China. Según el empresario, la medida busca rentabilidad en un mercado donde las materias primas cuestan lo mismo en todo el mundo, pero los costos de fabricación locales ya no resultan competitivos.

La justificación de la firma se basa en la “comoditización” de los insumos básicos para las golosinas. Al ser materias primas con precios internacionales similares, el país que ofrece una estructura de costos operativos más baja termina ganando la pulseada global. “El proyecto tiene que ser sustentable”, sentenció Zonnaras, dejando en claro que hoy resulta más barato producir en Asia y traer el producto terminado que encender las máquinas en Buenos Aires.

Mientras los caramelos viajan desde el otro lado del mundo, la planta de Victoria, en San Fernando, atraviesa un presente crítico. La empresa mantiene un esquema de suspensiones rotativas para sus 80 operarios, quienes dejan de prestar tareas cada 15 días. Con un volumen de producción que se derrumbó un 29% y una capacidad ociosa del 55%, el panorama para las familias que dependen de la fábrica es de total incertidumbre.

Este cambio de estrategia expone la cruda crisis de consumo que afecta al mercado interno. Aunque Georgalos justificó inicialmente las suspensiones por la caída en las ventas, la confirmación del traslado a China añade tensión al conflicto gremial. Doña Rosa ahora compra golosinas importadas, mientras las naves industriales de zona norte acumulan polvo y los trabajadores locales ven cómo sus puestos se diluyen en la logística internacional.