El Presidente expuso este miércoles ante la Asamblea General, donde cuestionó la eficacia de las Naciones Unidas y su política de derechos humanos.
El presidente Javier Milei volvió a posicionar la disputa de soberanía por las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes en el centro de su agenda internacional. Durante su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) celebrada este miércoles, el mandatario definió el reclamo territorial como una “causa nacional” y lanzó duras críticas hacia la inacción del organismo, al que calificó como una “organización inútil” comandada por una burocracia alejada de los problemas concretos.
“Siempre es preferible decir una verdad incómoda por sobre una mentira confortable”, disparó el jefe de Estado al comienzo de una exposición de alto voltaje. En su discurso, Milei no solo cuestionó la capacidad de la ONU para hacer cumplir sus propias disposiciones, sino que también apuntó contra su rol institucional: acusó a la entidad de respaldar a regímenes que vulneran libertades fundamentales y cuestionó sus posturas frente al Estado de Israel, el terrorismo global y las persecuciones a comunidades cristianas en África.
En ese contexto, el Presidente —quien meses atrás había deslizado declaraciones contemplando el derecho a la autodeterminación de los isleños— utilizó la causa Malvinas como el principal ejemplo de la brecha existente entre las declaraciones diplomáticas y su aplicación en la realidad. Puntualmente, hizo referencia a la Resolución 3149, aprobada hace medio siglo, que insta tanto a la Argentina como al Reino Unido a abstenerse de adoptar modificaciones unilaterales mientras el conflicto territorial permanezca abierto.
Milei vinculó este incumplimiento histórico con el reciente avance del proyecto “Sea Lion”, destinado a la explotación de petróleo en la Cuenca Malvinas Norte. Tras remarcar que el Estado argentino rechaza de plano las licencias otorgadas por el gobierno británico y califica de ilícita cualquier actividad hidrocarburífera sin autorización nacional, el mandatario interpeló al auditorio: “¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos, pero impotente frente a la realidad?”.
Hacia el final de su alocución, el titular del Ejecutivo dejó una advertencia contundente respecto a la postura diplomática y estratégica que adoptará su administración de cara al futuro en el Atlántico Sur: “La Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato. Va a tomar cartas en el asunto”.