Tras la dura derrota ante Rosario Central en el Monumental, el entrenador eligió una particular frase para su perfil de WhatsApp. Pese al clima tenso y los silbidos, cuenta con el respaldo de la dirigencia para intentar revertir el mal momento.
“Los cagones no hacen historia”. La frase, más que una simple expresión, se transformó en un mensaje contundente en el mundo River. Horas después de la dolorosa caída frente a Rosario Central en el Monumental, Eduardo Coudet decidió cambiar su foto de perfil de WhatsApp para plasmar el pensamiento que lo invade y lo motiva a dar vuelta una situación que asoma sumamente compleja.
La elección no fue producto de la casualidad. Tras la decisión de no brindar la habitual conferencia de prensa post partido —una medida de silencio que también acataron los jugadores en la zona mixta—, el “Chacho” sintió la imperiosa necesidad de comunicar hacia el exterior. Sin presencia activa en redes sociales, esta fue la herramienta que encontró para ratificar su postura: con el apoyo de la dirigencia, seguirá al mando del primer equipo, aun a sabiendas de que los tropiezos consecutivos desgastan rápidamente cualquier ciclo.
El mensaje de su perfil también apunta directamente al corazón del plantel. El cuerpo técnico busca levantar el ánimo de un grupo de futbolistas que sintió el golpe y que necesita de manera urgente un triunfo para torcer la racha adversa. Sobre esa premisa giró gran parte de la charla íntima que tuvo lugar el domingo en el vestuario, de la cual participaron Coudet, los jugadores y el vicepresidente Stefano Di Carlo, quien bajó expresamente para brindar su respaldo.

Tras esa cumbre, el hermetismo se mantuvo. Mientras los jugadores desfilaban en silencio hacia el estacionamiento, el cuerpo técnico prolongó su estadía en el Monumental con una extensa reunión que finalizó cerca de la medianoche. Coudet se retiró rumbo a su auto con un semblante llamativamente positivo y, aunque evitó las declaraciones formales, dejó una pista sobre el mercado de pases al ser consultado por la posible llegada de Thiago Almada desde el Atlético de Madrid, limitándose a responder a lo lejos con una sonrisa: “Vos sabés cómo es eso”.
A pesar de este optimismo irradiado por el DT, el escenario en Núñez es por demás delicado. El equipo ingresó demasiado rápido en un laberinto futbolístico del que deberá empezar a salir el próximo sábado en su visita a Tigre. Si bien en las altas esferas del club sostienen el proyecto para no caer en la espiral de cambiar técnicos cada semestre —algo que Enzo Francescoli reafirmó al pasar—, el clima en las tribunas dictó su propio veredicto. En la última jornada, los hinchas silbaron a Coudet durante la presentación de la formación y entonaron cánticos de protesta contra la Comisión Directiva y los jugadores que no se escuchaban desde épocas muy lejanas.
El panorama deportivo apremia y no deja margen de error. Con cero puntos en el arranque del torneo, cediendo terreno valioso en la tabla anual y ya eliminado de la Copa Argentina, el horizonte de River parece reducirse a la Copa Sudamericana, donde una hipotética semifinal contra Boca Juniors asoma como la salvación definitiva o la condena total.
Mientras tanto, la esperanza de quienes apostaron por el exentrenador del Alavés radica en que, impulsado por la billetera del club y la jerarquía de sus nombres, el equipo despierte de su letargo aferrado a este nuevo lema de cabecera.