El exlíder de Viejas Locas e Intoxicados se sentó en el banquillo de los acusados por el crimen de Cristian Díaz. Su abogado alegó que el músico estaba “desconectado” para frenar el debate, pero el tribunal rechazó el planteo.

Este lunes se dio inicio al juicio oral contra el músico Cristian “Pity” Álvarez, acusado por el homicidio de Cristian Maximiliano Díaz, un hecho ocurrido en julio de 2018 en el complejo habitacional Samoré del barrio porteño de Villa Lugano.

El exlíder de las bandas Viejas Locas e Intoxicados arribó a los tribunales de la Ciudad de Buenos Aires pasadas las 10.30 de la mañana. Vestido con un sombrero negro y anteojos de sol, fue recibido en las inmediaciones por un grupo de fanáticos que se acercaron para aclamar su inocencia.

Dentro de la sala de audiencias lo aguardaban los abogados querellantes Fernando Burlando y Fabián Amendola, quienes representan a Verónica, la segunda pareja de la víctima. También se encontraba presente Jacqueline Díaz, una de las hijas del hombre asesinado.

Al tomar asiento frente al tribunal presidido por el juez Gustavo Goerner, Álvarez saludó a los presentes y anticipó que prestará declaración “más adelante”. Durante un breve interrogatorio sobre su estado de salud, el cantante detalló que padece hipertensión, diabetes y secuelas de una operación de cadera que lo obligan a tomar medicación diaria. Al ser consultado sobre sus adicciones, reconoció haber sido “muy adicto a la pasta base”, aunque aseguró que por decisión propia no consume desde 1992 y que actualmente solo “coquetea con la marihuana”.

El insólito planteo para suspender el debate

El momento de mayor tensión de la jornada se vivió cuando el abogado defensor del músico, Javier Aldo Marino, solicitó sorpresivamente la suspensión de la audiencia. El letrado argumentó que su cliente “no estaba presente” mentalmente y consideró irrazonable someter a juicio a una persona con una “disminución importante de su capacidad” de atención.

La respuesta del Ministerio Público Fiscal fue tajante. El fiscal Sandro Abraldes acusó a la defensa de intentar “obstruir el desarrollo del debate”. Para fundamentar su postura, expuso que esa presunta desconexión mental del acusado no se evidenció cuando brindó recientes shows en el estadio Kempes o en el teatro Roxy, ni tampoco durante una entrevista concedida a la revista Rolling Stone. “La otra posibilidad es que al señor Pity Álvarez este juicio lo aburra. Dormirse o aburrirse no habilita a suspender el juicio”, sentenció Abraldes, recibiendo la inmediata adhesión de Burlando.

Tras escuchar a las partes, los magistrados rechazaron de plano el pedido de suspensión. Para ello, se basaron en el dictamen del Cuerpo Médico Forense, el cual concluyó de manera contundente que Álvarez cuenta con una reserva cognitiva suficiente para afrontar el proceso penal y jamás mencionó un déficit de atención invalidante. El presidente del tribunal fue categórico al observar que el imputado simplemente aparentaba estar en un estado de somnolencia o con los ojos cerrados.

La disputa por la carga horaria y los testigos

Luego del revés para la defensa, la fiscalía anunció que tiene previsto convocar a diez testigos para las próximas jornadas. Esta situación generó un nuevo reclamo por parte del abogado Marino, quien insistió en que no hay manera de que Álvarez pueda mantener la atención durante tantas horas seguidas de declaraciones.

Ante esta advertencia, el defensor solicitó que se limite el número de testimonios por jornada. Tras un intercambio de opiniones en el que también intervino la querella para intentar organizar los horarios y la extensión de las audiencias, el juez Goerner le propuso a la defensa acordar una lista reducida. Finalmente, Marino planteó la necesidad de limitar el cronograma a un máximo de cinco testigos por día para que las jornadas no superen las tres horas de duración y así garantizar la participación del imputado.