El duro castigo que recibió la Selección Argentina tras la final del Mundial 2026 reabrió el debate sobre las penas más severas del ente rector. El repaso por las suspensiones más drásticas del fútbol internacional.

El reciente fallo de la FIFA contra la Selección Argentina, tras los incidentes posteriores a la final del Mundial 2026 frente a España, sacudió por completo al mundo del fútbol. Las autoridades determinaron penas durísimas para varios integrantes del plantel nacional.

Leandro Paredes resultó ser el más perjudicado de la nómina, recibiendo una suspensión de diez partidos oficiales y una multa económica de 90.000 dólares. A su caso se sumaron Nahuel Molina con siete fechas, Thiago Almada con una, y el ayudante de campo Roberto Ayala con tres.

Ante este panorama adverso, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) ya anticipó su estrategia legal. La entidad solicitará los fundamentos del fallo con la firme intención de apelar y, de ser necesario, recurrir en última instancia al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS).

El peso de la historia y los peores castigos

Si bien la sanción impuesta al mediocampista argentino resulta sumamente severa, los archivos de la FIFA guardan registros de castigos aún más drásticos. A lo largo de las décadas, diversos organismos disciplinarios han aplicado suspensiones larguísimas y hasta inhabilitaciones a países enteros.

El caso más emblemático y escandaloso ocurrió en 1989, durante un tenso duelo de Eliminatorias entre Brasil y Chile en el mítico estadio Maracaná. Aquella noche, el arquero chileno Roberto Rojas simuló haber sido impactado por una bengala que cayó cerca de su arco.

Las investigaciones posteriores revelaron una verdad insólita: el propio guardameta se había cortado el rostro con una hoja de afeitar que llevaba oculta en su guante. La respuesta de la FIFA fue implacable, suspendiendo de por vida a Rojas y marginando a la selección chilena de los Mundiales de 1990 y 1994.

Agresiones arbitrales que costaron caro

La violencia directa contra las autoridades deportivas también ha sido motivo de penas ejemplares en el pasado. Un claro antecedente es el del defensor chileno Héctor Robles en el año 1993.

Durante un encuentro de carácter amistoso frente al seleccionado de Honduras, el jugador agredió físicamente al árbitro principal del partido. Este repudiable accionar le costó una inhabilitación total de doce meses fuera de las canchas.

Finalmente, los mundiales también han sido escenario de reacciones desmedidas. En la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002, el delantero portugués João Pinto perdió los estribos al ver la tarjeta roja por parte del árbitro argentino Ángel Sánchez.

El atacante luso reaccionó golpeando al juez en la zona de las costillas en pleno campo de juego. Por este motivo, la FIFA le impuso un castigo inicial de medio año sin jugar, aunque luego la pena fue reducida a cuatro meses gracias a su buen historial de conducta.