La anciana de 89 años defiende que Auschwitz no fue un campo de exterminio. La Justicia la juzgó y la envió a prisión. Para aprender.

Al contrario de lo que ocurre en la Argentina donde celebridades y hasta funcionarios del Estado niegal el terrorismo de Estado y no pasa nada, en Alemani detuvieron a Ursula Haverbeck por negacionista. Más conocida como la abuela nazi, Haverbeck fue encarcelada a sus 89 años por defender que en Auschwitz no hubo un centro de exterminio nazi, sino solo un campo de trabajo.

Además, la abuela nazi había sido condenada en el pasado, pero las sentencias anteriores fueron apeladas y hasta ahora nunca había ingresado en la cárcel. Hace dos años ya había sido condenada por enviar cartas a un alcalde y a un periódico donde negaba las atrocidades cometidas por el régimen nazi, incluida la muerte de seis millones de judíos. “El Holocausto es la mayor mentira de la historia”, había dicho.

El pasado agosto, la justicia alemana condenó a la octogenaria a dos años de cárcel por ocho cargos de incitación al odio. El pasado 23 de abril, la anciana debería haber ingresado en prisión, pero no se presentó, por lo que el pasado domingo, la fiscalía de Verden, en el norte del país, dictó una orden de detención.

El artículo 130 del código penal alemán establece que “quien públicamente o en una reunión niegue, apruebe o minimice un acto cometido durante el régimen nacionalsocialista […] será castigado con una pena privativa de libertad de hasta cinco años”.

Por su parte, desde el comité internacional de Auschwitz mostraron el domingo su preocupación e instaron a las autoridades alemanas a intensificar la búsqueda de la anciana. “Esperemos que la policía esté buscándola intensamente”, indicó Christoph heubner del comité a la agencia de noticias alemana DPA.

Haverbeck escribió para una publicación de extrema derecha titulada Stimme des Reiches, donde expresó sin complejos sus tesis negacionistas. Werner Georg, el marido fallecido de la abuela negacionista, fue un conocido cabecilla del partido nazi, que a principios de los años sesenta fundó un centro educativo ecologista y de extrema derecha llamado Collegium Humanum. En 2008, el ministerio de Interior alemán acabó prohibiendo el centro por su “reiterada negación del Holocausto”.