La potencia económica y militar más grande de la tierra vuelve a golpear contra los derechos humanos de inmigrantes dentro de sus fronteras. Esta vez optó por separar a niños y niñas inmigrantes de sus padres y los tienen enjaulados en un tinglado de Texas. Desgarrador testimonio. 

Dentro de un viejo almacén en el sur de Texas, cientos de niños esperan en una especie de jaulas creadas con vallas de metal. Una de ellas encierra hasta unos 20 menores. A su alrededor, hay botellas de agua, bolsas de patatas fritas y mantas aislantes.  La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos permitió el domingo a un grupo de periodistas visitar brevemente las instalaciones donde retiene a las familias de inmigrantes tras cruzar la frontera de Estados Unidos con México, como respuesta a las críticas y protestas que la política de “tolerancia cero” de la administración Trump y la consiguiente separación de las familias ha provocado en todo el país.

Más de mil 100 personas se encontraban dentro de esta instalación grande y oscura que se divide en alas separadas para niños no acompañados, adultos solos y madres y padres con niños. Las jaulas en cada ala se abren en áreas comunes para usar baños portátiles. La iluminación del techo en el almacén permanece encendida todo el día. “Es una política totalmente inmoral, inhumana”, dijo Kim Schrier, candidata demócrata para un escaño en la cámara baja por un distrito cerca de Seattle.

La Patrulla Fronteriza informó que cerca de 200 personas dentro de la instalación eran menores sin compañía de un padre. Otras 500 eran “unidades familiares”, padres e hijos. Estos menores son enviados a albergues o centros de acogida mientras los adultos enfrentan cargos judiciales; aunque muchas familias inmigrantes denuncian que la reagrupación posterior es casi imposible debido a la falta de registro.

Según cifras ofrecidas por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) el 15 de junio, el gobierno estadounidense ha apartado casi dos mil niños de sus padres desde finales del mes de abril, después de que el Fiscal General de EE.UU., Jeff Sessions, anunciara una política que incluye redadas masivas o la imputación de cargos penales a todos los inmigrantes capturados, entre otras medidas, además de la separación de familias.

El objetivo es disuadir a los inmigrantes a cruzar la frontera, pero grupos eclesiales, defensores de los derechos humanos y legisladores demócratas han criticado duramente la política, calificándola de inhumana.

La Administración Trump se sacude la responsabilidad y atribuye falsamente la práctica a una ley de la era Obama, durante la que en circunstancias extremas también se separaba familias. La primera dama Melania Trump pidió ayer a los legisladores que se pongan de acuerdo en el Congreso para cambiar una situación que “odia” mientras que el presidente Donald Trump culpó directamente a los demócratas de la política.

El representante republicano por Denver, Mike Coffman hizo eco de esa postura, afirmando que la política de separación de familias “es la antítesis del país en el que crecí ”. Se mostró dispuesto a copatrocinar una versión de una propuesta redactada en el Senado por la senadora demócrata Dianne Feinstein que prohibiría las separaciones familiares, y repitió una frase frecuentemente usada por los demócratas en días recientes: “La historia juzgará severamente a quienes apoyen esta política ”.

Si bien los demócratas argumentan que la mayoría del país favorece dar una vía a la ciudadanía para quienes fueron traídos ilegalmente al país cuando niños, la base republicana se opone férreamente a esa noción y vota guiada por esa tendencia. Es por ello que muchos analistas consideran que este momento es único en la política estadunidense.

FUENTE: cubadebate.cu